martes, 29 de marzo de 2011

Especial sobre PPK: El caballo de troya (o cómo dejarse engañar por los ppkausas o por ppk-ingenuos)

Me han llegado por multiplicado diferentes cartas cadenas que la pondré al final de este post, es la que mandó el idiota que se le ocurrió mencionar a las pobres ballenas que quedan varadas o mueren estrellándose contra las rocas:

* Las ballenas se comunican a través de sonares y utilizan la ecolocación para navegar a través de las aguas, son determinados sonares los que aturden y a las ballenas y las desorientan, ocasionando hechos con resultados lamentables, pues terminan varándose en las playas. Millones de años de evolución para que un invento humano sea la principal causa de su muerte.

Por otro lado

* No existen ballenas caviares, 
* No existen ballenas capitalistas depredando sus recursos marinos
* No existen ballenas jurando lealtad a otra especie. Ballenas jurando ser tiburones tigre para defender el juramento de los tiburones tigre.
* No existen ballenas que especulan con el krill y la bolsa de valores de las Fosas de las Marianas. 
* No existen ballenas que sean racistas con su misma especie
* No existen ballenas que obliguen a las demás ballenas a ser modernas.

¿Acaso no es terrible ver a las ballenas agonizando y no poder hacer nada para salvarla? Al ppkausa que se le ocurrió enviar esa carta cadena con intención política, le digo que es un tarado e ignorante porque la analogía de las ballenas está tristemente mal utilizada.







Finalmente, la desastrosa carta cadena que, obviamente, enternecerá el corazón de los amantes de la demagogia:
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PPK y las ballenas suicidas
No se sabe si por temor a alguna amenaza que desconocemos, o algún error en su sistema instintivo, las ballenas protagonizan a veces terribles escenas de suicidio colectivo.
Unas veces mueren en medio del océano; otras, se dejan arrastrar por el oleaje hasta quedar agonizantes sobre la arena de las playas. En ocasiones, se han arrojado violentamente contra las peñas estrellando sus enormes cabezas hasta perder la vida.
Lo cierto es que centenares de cetáceos se lanzan así a las oscuridades de la muerte, sin razón aparente o por un extraño mal cálculo que les cuesta la vida.
Cuando converso con la gente, son muchos los que aseguran que Pedro Pablo Kuczynski, PPK, es el mejor candidato presidencial en estas elecciones. Aseguran que reúne los mejores requisitos, y citan varios: su capacidad técnica, su sensatez, su gran experiencia en los ministerios de energía y minas y de economía y finanzas; su inobjetable desempeño como presidente del consejo de ministros; el haber rescatado nuestra economía; el reconocimiento mundial del que goza como uno de los mejores economistas del mundo, y hasta la destreza con que toca la flauta.
Sin embargo, y pese a todos los puntos a favor, son muchos los que lamentan su bajo porcentaje en las encuestas y dicen preferir derivar su voto a los candidatos punteros, “para no perderlo”.
¿Qué extraña amenaza o falla en el instinto nos está afectando a los peruanos? ¿Qué grave sinrazón o error de cálculo nos lleva a lanzarnos de cabeza contra los peñascos? ¿Cómo es que renegamos de nuestra propia convicción, para apostar por quienes no queremos, y abandonamos a quien sabemos el mejor?
Una reciente encuesta de la universidad privada Antenor Orrego revela que en Trujillo, el 12% de la población votará por PPK, colocándolo en cuarto lugar. Pero ante la pregunta “Y pensando en el desarrollo de nuestra ciudad, ¿qué candidato cree usted que le convendría como presidente a los trujillanos?”, PPK obtiene el 21% de la aprobación, quedando apenas a cuatro puntos del primero. Es decir, empate técnico.
 
Estoy seguro que lo mismo ocurre en muchas ciudades del país, empezando por Lima. Lo dice la gente, lo comentan los taxistas, lo aseguran señoras y los jóvenes: PPK es el mejor candidato. ¿Qué nos pasa entonces?
 
Falta poco más de 40 días para las elecciones. Todavía hay tiempo para ser leales a nuestras convicciones. Para no ir al suicidio colectivo como ballenas confundidas, sino a construir una gran nación, moderna, digna y próspera,  con el hombre más capaz en Palacio de Gobierno
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