martes, 26 de octubre de 2010

El pulpo Paul ha muerto

Imagínate que un país extranjero invade el Perú con el propósito de hacer un ataque preventivo, con la excusa que nuestra nación permite formar peligrosos terroristas que acabarán atacando y matando gente en esa nación invasora.

De hecho no eres terrorista, pero vivieno en tu propio país te das cuenta que incluso para un inocente como tú la seguridad no es la misma. Un día te enteras que algunos familiares tuyos han muerto en un ataque suicida o en un ataque de ese ejército invasor, y de pronto te das cuenta que no habrá justicia. Ese delito quedará impune. Imagina que tu propia policía en complicidad a esos extranjeros disparan a diestra y siniestra matando a simples civiles, a inocentes que no tenían nada que hacer más que caminar por las calles como lo hacían antes, sin el temor de morir.

Ahora imagina que la propia policía secuestra a unos jóvenes universitarios por el simple hecho de protestar. Los encierran, los desnudan, los golpean. Por diversión los lanzan a un río maniatados y luego de algunos minutos los van a recoger y se dan cuenta de que algunos de esos jóvenes han muerto, pero los responsables quedarán impunes.

Imagina que ahora esa policía contemplan, por ordenes y consejos de sus superiores, torturar de maneras demenciales e inimaginables a los prisioneros, a tal punto que si mueren por dichas torturas no les pasará nada, tiempo después que pasaron estos delitos estarán caminando felices por las calles y con la conciencia tranquila.


A casi nadie le importó discutir lo que pasó en Irak y los casi cuatrocientos mil documentos de Wikileaks describiendo esos asesinatos, muchos de ellos por fuego amigo, muchos de esos crímenes hechos por las personas que se encargaban de proteger a los civiles y combatir a los terroristas, pero que en la práctica simplemente fueron escuadrones de guardaespaldas, ejércitos particulares de empresas que estaban haciendo sus negociados en Irak, guardaespaldas que quedarían impunes ante esas atrocidades.

Más de 100 mil civiles muertos en Irak, de los cuales 15 mil estaban bajo la alfombra o se ocultaron sus decesos. Formas demenciales y cavernarias de actuar en una nación invadida torturando a los detenidos, protegiendo a los asesinos. El silencio de cientos de políticos en todo el mundo hace más que evidente que el poder económico ha logrado callar a muchos de estos funcionarios elegidos democráticamente para defender no sólo los intereses de una nación, sino también de toda la humanidad, el respeto a los Derechos Humanos, proteger a los débiles, salvar a los inocentes.

Muchos de esos soldados terminaron convirtiéndose en dementes que se suicidaron o mataron a seres cercanos y luego se suicidaron.

El Gobierno de Perú criminalizó la protesta social con el DL 1097 y ya son muchos los compatriotas que están lisiados a causa del fuego del personal policial. La diferencia con Irak es enorme, pero el Gobierno lo impulsó.

A muchos más le interesó la muerte del pulpo Paul más que el problema de la invasión en Irak.

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