martes, 7 de septiembre de 2010

Adiós campiña

Cuando estaba en la primaria falleció uno de mis compañeros de clase. Lo enterraron en el cementerio de Alto Jesús, como dos cerros más atrás de Nueva Alborada, en dirección al Pichu Pichu. Al año siguiente por el día de los muertos fuimos un grupo de escolares a visitar su tumba y terminamos yendo a pie por pasando por el Balneario de Jesús. Conocí el famoso Cebollar, un desierto con las hojas secas de cebollas tostadas al sol...

¿Eso es un cebollar? pregunté. Si, me respondieron, hace años atrás se cultivaban y cosechaban cebollas.

Yo sólo ví terreno árido con canales de regadío y dudaba de dónde se extraía el agua para regarlas ¿Quizás un ojo como el de Characato? ¿Quizás había un riachuelo?

Lo que más me preocupa en este momento es que posiblemente, dentro de 40 años nos quedemos sin agua. Estamos con cada vez menos áreas verdes y más asfalto y cemento, con un sol bastante peligroso pero con bonitos edificios y casas a precios suculentos, ganancias que los vendedores no veran nunca más en sus vidas pero que están contribuyendo a la desertificación de la campiña arequipeña.

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